ANÁLISIS | El Real Madrid hizo casi de todo para vencer al Real Betis menos marcar

El Real Madrid se marchó del Estadio de La Cartuja con una derrota por la mínima difícil de sostener viendo las estadísticas del partido. Con 20 remates, dos balones a la madera y un penalti, los de Mourinho acabaron cayendo, reclamando y acumulando 5 partidos sin vencer al Real Betis en tierras andaluzas.

El luminoso del estadio hispalense dictaminó 1-0 tras el pitido final, pero el partido cuenta otra historia. Los de Chamartín salieron derrotados de La Cartuja después de producir ocasiones suficientes no solo para empatar el encuentro, sino para llevarse los tres puntos para casa. El Real Madrid tuvo casi el 60% de posesión, remató 20 veces, lanzó 10 córneres y terminó con un 3,46xG de goles esperados frente a los 0,93xG del Real Betis. En definitiva, un volumen ofensivo que inconcebiblemente acabó sin goles.

Por esta razón, la derrota de los blancos, ayer de rosa, no puede explicarse recurriendo al argumento de una posesión estéril y falta de verticalidad o de un Real Madrid sin ideas ante el bloque bajo del rival. Los de Mourinho encontraron muchos caminos para toparse frente a Álvaro Valles, sin embargo, Mbappé acumuló ocasiones sin premio, apareció la madera y el guardameta verdiblanco firmó una actuación de las que no se recuerdan en el beticismo, coronando con el penalti detenido al 10 blanco que sigue siendo fruto de la polémica.

De hecho, el técnico portugués alegó tras el partido que no sabía por qué habían perdido el partido. Y es que lo números refuerzan la declaración, sin embargo, en el fútbol no todo son cifras y lo que cuenta es meter la pelota dentro de la red. Si se generan ocasiones que no se transforman, el resultado es claro: 0 puntos y de vuelta.

Un Real Madrid que sí encontró la manera de atacar al Real Betis

Mourinho dibujó de inicio un 4-2-3-1 con Courtois; Dumfries, Konaté, Huijsen y Cucurella; Camavinga y Valverde en el doble pivote; Güler, Bellingham y Vinícius por detrás de Mbappé. Pese a ello, el dibujo decía bastante menos que los movimientos.

Las indicaciones del técnico fueron claras: El carril derecho era prácticamente de Dumfries, permitiendo que Güler apareciera por dentro para apoyar a Bellingham; y por el otro lado Cucurella respetaba más la amplitud de Vinícius, lo que permitía que el brasileño pudiese recibir en banda y encarar mientras el inglés y el turco ocupaban el espacio interior.

El planteamiento era bueno y funcionó durante gran parte del partido. El Real Betis protegía la medular con Marc Roca y Facundo Bernal y acumulaba ayudas cuando Vinícius recibía en izquierda, pero sin llegar a impedir por completo que los blancos llegasen al área. Los 20 remates son prueba de ello. El Real Madrid movió el bloque verdiblanco en busca de espacios y situaciones dentro del área y las encontraron. Sin embargo, la cuestión no estuvo en si llegaban o no llegaban, sino en lo que ocurría después.

Vinícius mandó un disparo al palo y desperdició otra ocasión clara. Mbappé disparó siete veces, cuatro de ellas entre los tres palos, golpeó el larguero y terminó el partido con un 1,78xG individual. Incluso Huijsen amenazó en un córner y obligo al Real Betis a defender situación que normalmente terminan en gol. Pero no terminó ninguna.

Güler fue el futbolista que mejor entendió el partido

Dentro del juego blanco hubo un nombre que destacó por encima del resto en la creación: Arda Güler. El turco encontró constantemente espacios desde el medio derecho y terminó la primera parte con siete ocasiones creadas. Su capacidad para abandonar la banda sin desconectar al equipo permitió al Real Madrid encontrar una vía hacia dentro cuando el Real Betis protegía precisamente esas zonas.

Güler aparecía cerca de Bellingham, recibía entre líneas y aceleraba el ataque mediante pase. Dumfries hacía posible buena parte de ese comportamiento manteniendo la amplitud por fuera. Sin embargo, Güler estaba amonestado y cometió otra falta en la segunda mitad que levantó las protestas de todo el Real Betis.

Mourinho admitió después que temía una expulsión y decidió retirarlo en el 64′. La decisión del técnico portugués fue más que comprensible desde el punto de vista disciplinario, pero la consecuencia trajo un coste evidente. El Real Madrid perdió a uno de sus jugadores más creativos, perdiendo fluidez de juego y generando un juego más tosco y lento faltando menos de media hora para el final.

Mourinho movió el equipo antes del gol

Sería injusto cargar la derrota sobre Mourinho por una supuesta falta de reacción desde el banquillo, ya que el técnico portugués no esperó al gol del Real Betis para realizar modificaciones. En el minuto 64 decidió agitar el encuentro con un triple cambio: Bernardo Silva sustituyó a Camavinga, Trent Alexander-Arnold entró por Dumfries y Yan Diomande ocupó el lugar de Arda Güler.

Tres movimientos con una intención bastante clara. La entrada de Bernardo Silva buscaba dotar al equipo de mayor claridad cerca del área y de un futbolista capaz de moverse entre líneas, recibir y acelerar la jugada en los últimos metros. Trent, por su parte, ofrecía una alternativa distinta desde el carril derecho, con mayor capacidad de asociación y, especialmente, un golpeo que podía resultar diferencial en centros y desplazamientos largos. Mientras tanto, Diomande aportaba piernas frescas y desequilibrio ante una defensa verdiblanca que comenzaba a notar el desgaste del encuentro.

De hecho, Bernardo Silva consiguió participar en algunas de las mejores acciones del Real Madrid durante el tramo final y estuvo presente en la jugada que terminó con Mbappé enviando el balón al larguero. Por lo tanto, no se puede decir que Mourinho no intentase modificar el partido. Sin embargo, ninguno de esos cambios consiguió solucionar el verdadero problema de los blancos durante toda la noche: la falta de eficacia.

Mientras el Real Madrid acumulaba llegadas y continuaba sin encontrar portería, Pellegrini encontró desde su banquillo exactamente lo contrario. Deossa y Troy Parrott entraron alrededor del minuto 68 y apenas trece minutos después terminaron siendo protagonistas directos del único gol del encuentro. Fornals puso el córner, Deossa ganó el primer remate, Courtois rechazó como pudo y Parrott apareció antes que la defensa madridista para mandar el balón al fondo de la red.

El fútbol volvió a demostrar que no siempre gana quien más produce. El Real Madrid había generado mucho más peligro durante el encuentro, pero terminó cayendo en una acción puntual que no supo defender dentro de su propia área.

Carlos Espí y la pregunta que queda para Mourinho

La respuesta más ofensiva de Mourinho no llegó hasta después del 1-0. En el minuto 82, Carlos Espí sustituyó a Valverde y el técnico portugués decidió definitivamente ir a por el partido introduciendo una referencia más dentro del área junto a Mbappé. Y la realidad es que el impacto del delantero fue inmediato.

Espí fijó a los centrales, atacó los centros laterales y permitió que Mbappé tuviese algo más de libertad para aparecer alrededor de una referencia ofensiva. Apenas cinco minutos después de entrar, el canterano mandó el balón al fondo de la red con una chilena espectacular que finalmente sería anulada por fuera de juego en una acción anterior.

Todavía tendría otra oportunidad. Trent Alexander-Arnold encontró su cabeza mediante un centro desde la derecha y, una vez más, Álvaro Valles apareció para evitar el empate.cDos acciones claras en apenas unos minutos que dejan inevitablemente una pregunta encima de la mesa: ¿debió entrar antes Carlos Espí?

La respuesta no es tan sencilla como parece viendo únicamente el tramo final. Con 0-0, el Real Madrid estaba generando suficientes ocasiones como para adelantarse en el marcador y retirar antes a Valverde habría supuesto perder equilibrio y asumir un riesgo todavía mayor ante las transiciones del Real Betis. Mourinho tenía razones para confiar en el plan que estaba ejecutando su equipo.

Sin embargo, el partido terminó demostrando que la presencia de un delantero puro le sentó bien al ataque blanco. Cuando el Real Betis comenzó a defender cada vez más cerca de Álvaro Valles y el encuentro se convirtió en una acumulación de centros, córneres y segundas jugadas, el equipo agradeció tener un futbolista capaz de fijar a los centrales y atacar permanentemente el área. Espí ofreció en pocos minutos algo que el Real Madrid había echado en falta durante buena parte del encuentro: una referencia constante dentro del área.

Mbappé estuvo, pero no acertó

El partido de Kylian Mbappé tampoco puede analizarse únicamente desde la sensación que dejó el penalti fallado en el tiempo añadido. El francés no estuvo desaparecido, ni mucho menos. Disparó hasta en siete ocasiones, cuatro de ellas entre los tres palos, golpeó el larguero y terminó el encuentro con alrededor de un 1,78xG individual. Es decir, tuvo ocasiones suficientes como para abandonar La Cartuja con uno o incluso varios goles. El problema fue que no transformó ninguna.

Mbappé apareció tanto en ataques posicionales como en acciones a balón parado y también atacando espacios tras pases verticales. Huijsen consiguió encontrarlo en una ocasión clara tras romper líneas desde atrás, mientras que Bernardo Silva participó en otra jugada que terminó con el francés enviando el balón al larguero. El sistema, por tanto, sí consiguió llevar al 10 blanco hacia zonas donde normalmente suele ser decisivo. Lo que falló fue la finalización. Y el penalti del tramo final terminó siendo la fotografía perfecta de su encuentro.

Vinícius provocó la pena máxima y Mbappé tuvo en sus botas la posibilidad de colocar el 1-1 y cambiar completamente la lectura del partido. Sin embargo, Valles volvió a aparecer para detener el lanzamiento y completar una actuación espectacular.

En un Real Madrid que terminó el encuentro con 3,46xG y sin marcar, probablemente ningún jugador simbolice mejor esa falta de eficacia que Kylian Mbappé.

Huijsen, mucho más que un central para sacar el balón

Otro de los nombres propios del encuentro fue Dean Huijsen. El central completó 86 de sus 88 pases y volvió a demostrar que es un futbolista capaz de dar mucho más que seguridad en la salida de balón. El Real Betis no ejerció una presión permanente sobre la primera construcción del Real Madrid, permitiendo en muchos momentos que los centrales avanzasen metros y buscasen directamente a los jugadores ofensivos. Y ahí Huijsen se sintió cómodo.

El internacional español no se limitó a mover el balón de lado a lado. Buscó constantemente romper líneas con pases verticales y de una de esas acciones nació una ocasión clara para Mbappé. Además, también apareció en el área rival y llegó a estrellar un cabezazo contra el larguero tras un saque de esquina.

Su partido sirve también para entender que el problema de los de Mourinho no estuvo en la salida ni en la capacidad para instalarse en campo contrario. El Real Madrid consiguió superar líneas, llevar el balón hacia arriba y encontrar situaciones de peligro. La dificultad apareció una vez más en el último gesto.

Vinícius generó peligro, pero nunca llegó a dominar

El partido de Vinícius también requiere una lectura bastante más amplia que decir simplemente que estuvo bien o mal. Bellerín y las constantes ayudas del bloque verdiblanco consiguieron que el brasileño no tuviese demasiadas situaciones limpias de uno contra uno. El Real Betis sabía que dejar solo a su lateral frente a Vinícius podía convertirse rápidamente en un problema y, por esta razón, trató de cerrar siempre el costado con un segundo futbolista. Eso limitó la continuidad del brasileño, pero no consiguió eliminarlo del partido.

Vinícius mandó un disparo al palo, desperdició otra buena ocasión, participó en la jugada que acabó con el gol anulado a Carlos Espí y, sobre todo, provocó el penalti que pudo darle al Real Madrid el empate en los últimos minutos.

No fue un partido brillante ni de dominio constante por su parte, pero sí consiguió generar situaciones suficientes como para ser decisivo. Una vez más, la historia terminó siendo la misma que acompañó al equipo durante toda la noche: las ocasiones llegaron, pero ninguna terminó dentro.

Un gol anulado y una polémica que no termina de cerrarse

El tramo final del encuentro terminó llevando el análisis desde el terreno futbolístico hasta el arbitral. La primera gran acción fue el gol anulado a Carlos Espí. A simple vista, el delantero parecía estar en posición correcta cuando recibió el posterior centro de Vinícius, pero esa no fue realmente la acción señalada por el VAR.

La revisión retrocedió hasta una participación anterior del propio Espí, que había recibido el balón partiendo desde posición antirreglamentaria. Por lo tanto, que posteriormente apareciese habilitado en el centro de Vinícius no eliminaba el fuera de juego producido anteriormente. Con las imágenes disponibles, el tanto está correctamente anulado.

La acción que sí genera un debate mucho mayor es la del penalti de Mbappé y la posterior intervención de Bartra. Álvaro Valles detuvo el lanzamiento y el central del Real Betis apareció inmediatamente para despejar el rechace antes de que el francés pudiese volver a intervenir. La discusión aparece en determinar si Bartra había invadido o no el área en el instante en el que Mbappé golpeó el balón.

La interpretación aplicada sostiene que el defensor mantenía un pie apoyado fuera del área y que, por lo tanto, no debía aplicarse la proyección de sus pies como ocurriría con un jugador que se encuentra completamente en el aire.

Sin embargo, la nueva redacción de la norma ha provocado opiniones diferentes entre distintos exárbitros. Y aquí está el punto importante: Bartra participa directamente en el rechace. Si su posición se considera invasión, el hecho de intervenir posteriormente en la jugada obligaría a repetir el penalti. Si, por el contrario, se acepta la interpretación aplicada por el CTA, la acción sería legal.

La acción se complica aun más cuando entran en juego las líneas, ya que pisar la línea del área o el semicírculo es sinónimo de estar dentro de sendos espacios. Por lo que, más allá de si Bartra pisa o no el césped con el pie derecho, el izquierdo es el que hay que tener en cuenta.

Por esta razón, reducir todo a decir que el penalti debía repetirse sí o sí sería incorrecto. Pero también lo sería cerrar el debate simplemente afirmando que Bartra tenía un pie fuera. La acción es, como mínimo, discutible y deja una interpretación reglamentaria que seguramente continuará generando debate.

El arbitraje no puede ocultar el problema del Real Madrid

El Real Madrid tiene argumentos para discutir lo ocurrido en la acción de Bartra, pero convertir el arbitraje en el principal responsable de la derrota sería olvidar todo lo que había sucedido durante los noventa minutos anteriores. Los blancos remataron 20 veces, terminaron con 3,46xG, mandaron dos balones a la madera y dispusieron de un penalti en el añadido. Además, Álvaro Valles realizó seis paradas y terminó siendo, probablemente, el futbolista más determinante del encuentro. Por lo tanto, el Real Madrid no perdió porque fuese incapaz de atacar al Real Betis. De hecho, ocurrió prácticamente todo lo contrario.

Durante gran parte del encuentro, los de Mourinho encontraron espacios y generaron situaciones. Güler consiguió recibir entre líneas y acelerar el juego. Huijsen avanzó y filtró pases desde atrás. Vinícius produjo acciones de peligro y terminó provocando un penalti. Mbappé apareció constantemente en zonas de remate y el técnico portugués realizó tres cambios con empate para tratar de darle una marcha más al equipo. Cuando el resultado se puso cuesta arriba, Carlos Espí entró para modificar la ocupación del área y en apenas unos minutos consiguió aparecer en dos ocasiones claras. Es decir, el Real Madrid hizo prácticamente de todo, menos marcar.

Y ahí se encuentra la verdadera lectura que debe hacer Mourinho después de la derrota en La Cartuja. Su equipo produjo fútbol suficiente como para ganar el encuentro, pero terminó desperdiciando todo ese trabajo precisamente en los metros donde se deciden los partidos. El 1-0 puede hacer pensar en un Real Madrid sin ideas, incapaz de atacar un bloque bajo o sin capacidad para generar ocasiones, pero el desarrollo del partido demuestra exactamente lo contrario.

Los blancos generaron para marcar varias veces y acabaron sin hacerlo ninguna. Por eso Mourinho podía preguntarse después del partido cómo era posible haber perdido. La respuesta, aunque sencilla, es también la más dura: el Real Madrid hizo casi de todo para ganar, pero le faltó lo único que realmente cuenta en el fútbol: mandar la pelota dentro de la portería.

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