El Real Madrid mostró en Cornellà las primeras ideas del técnico portugués, con Güler y Bellingham como protagonistas y un banquillo decisivo, pero todavía evidenciaron problemas de control, presión y conexión entre sus piezas ofensivas.
Los de Mourinho se estrenaron en LaLiga con una victoria sufrida en Cornellà gracias al gol de Carlos Espí en el minuto 90. Los blancos fueron superiores en producción y territorio, pero dejaron dudas en el control del partido y evidenciaron que todavía necesitan tiempo para asimilar las ideas del técnico portugués.
Los datos reflejan una superioridad mayor de la que transmitió el marcador. El Real Madrid terminó con un 63% de posesión, 21 remates, 37 toques dentro del área rival y 2,92 goles esperados, frente a los ocho disparos y 1,12 xG del Espanyol. El problema estuvo en transformar ese dominio territorial en un control continuado del partido.
El estreno dejó algunas de las primeras pinceladas del nuevo Real Madrid de Mourinho: presión alta, Bellingham cerca del área, Arda Güler como generador y mayor importancia del balón parado. También enseñó lo que todavía falta por construir: el doble pivote Bernardo Silva-Valverde no terminó de funcionar, Mbappé y Vinicius estuvieron poco conectados y la presión perdió eficacia durante algunos tramos.
Güler y Bellingham, las primeras piezas del Madrid de Mourinho
Una de las decisiones más interesantes de Mourinho estuvo en la posición de Arda Güler. El turco partió desde la derecha, pero abandonó continuamente la banda para recibir por dentro, asociarse con Bernardo Silva y aparecer cerca de Bellingham. Esa libertad permitió que Dumfries ocupase el carril exterior y dio al ataque madridista una estructura asimétrica.
Güler terminó siendo uno de los futbolistas más importantes del encuentro. Además de asistir a Bellingham en el 0-1, generó varias oportunidades y asumió buena parte de la creatividad ante un Espanyol que defendió durante muchos minutos cerca de su área.
Mourinho también dejó clara su intención con Jude. El técnico quiere al inglés cerca de la portería y no como responsable principal de iniciar el juego. El primer gol, en una acción ensayada a balón parado, fue el mejor ejemplo: Güler puso el balón y Bellingham atacó el área para rematar.
Una presión todavía sin continuidad
El Real Madrid quiso defender hacia delante desde el inicio. Cuando consiguió juntar líneas y presionar arriba, obligó al Espanyol a jugar lejos de Courtois y recuperó balones en posiciones desde las que podía atacar rápidamente.
Sin embargo, esa presión todavía no está automatizada. Después del 0-1, el equipo perdió continuidad y permitió que el Espanyol encontrase espacios para progresar. El empate de Calatrava expuso precisamente uno de esos problemas: el Real Madrid no protegió bien la llegada desde el lado débil y reaccionó tarde dentro del área.
También dejó dudas la pareja formada por Bernardo Silva y Valverde. El portugués aporta pausa y organización, pero su presencia obliga al uruguayo a asumir más responsabilidades defensivas y reduce una de sus grandes virtudes: la llegada. Mourinho tendrá que encontrar el equilibrio para no perder profundidad en el centro del campo.
Mbappé y Vinicius todavía buscan su conexión
El Real Madrid produjo mucho en ataque, pero sus dos principales amenazas todavía estuvieron lejos de su mejor versión. Mbappé terminó con diez remates y alrededor de 1,74 xG, una cifra enorme para marcharse sin marcar. Llegó con frecuencia a posiciones peligrosas, aunque le faltó precisión en la definición.
Vinicius, por su parte, tuvo dificultades para desequilibrar y acabó demasiado condicionado por los contactos y enfrentamientos con los jugadores del Espanyol. Mourinho incluso habló con él durante el descanso para intentar que recuperase la concentración.
Más que un problema individual, Cornellà mostró una cuestión colectiva todavía pendiente. Mbappé, Vinicius y Bellingham necesitan coordinar mejor sus movimientos para no terminar ocupando los mismos espacios cuando el Madrid se instala cerca del área rival.
Mourinho encontró la solución en el banquillo
El aspecto más positivo del debut estuvo posiblemente en las alternativas. Mourinho introdujo a Cucurella, Diomande, Trent, Camavinga y Carlos Espí, modificando progresivamente la estructura del equipo en busca del segundo gol.
La entrada de Espí fue especialmente significativa. Con un delantero de área, Mbappé pudo abandonar la posición de nueve sin dejar vacía la zona de remate. El francés participó en la acción del 1-2 y Espí apareció donde debía estar para resolver el partido en el minuto 90.
No fue únicamente el gol del debutante. Su presencia ofreció al Real Madrid una solución diferente para partidos cerrados, con un delantero capaz de fijar centrales, jugar de espaldas y atacar centros dentro del área. Un perfil que Mourinho ya había reclamado y que puede tener importancia durante la temporada.
Más recursos que automatismos
El estreno de Mourinho deja un Real Madrid todavía en construcción. La victoria fue mejor que el juego, pero el juego también fue mejor de lo que sugiere haber necesitado un gol en el minuto 90. Los blancos produjeron ocasiones suficientes, dominaron territorialmente y mostraron algunas de las ideas que quiere introducir el portugués.
Todavía falta continuidad en la presión, encontrar el equilibrio del centro del campo y mejorar la conexión entre las principales piezas ofensivas. Sin embargo, Cornellà dejó una primera señal positiva: cuando el plan inicial dejó de ser suficiente, Mourinho tuvo herramientas en el banquillo para cambiar el partido.
El Real Madrid todavía no está terminado, pero su entrenador ya empieza a encontrar distintas formas de ganar.



